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jueves, 27 de enero de 2022

AURORA VENTURINI Trova final

Aurora Venturini y José María Pallaoro


TROVA FINAL 

No por este de mí, 
que es sol y libertad, te pido; 
no por este de alcurnia real 
que al primer llanto 
con un retozo de ala 
responderá al minuto. 

Sino por este otro 
que hiciste a la medida 
del cántaro para llevarle; 
sino por este otro 
que hiciste a la medida 
de lo común, bastardo, 
sin asidero, solo, 
comida de la sombra, 
goce de larvas y lemures. 

Este de mí, malsano, 
herido y maculado 
que en la oquedad de un pozo 
desecharán los hombres. 

Ven con tu voz a conversarle 
-Oh, nombre puro, invicto!-

No te repugne el ojo fiero 
ni el cuero cabelludo 
donde desoven largamente 
las Aves Fénix del ocaso.




En La trova, Colombo, Buenos Aires, 25 de junio de 1962 / 
Aurora Venturini (La Plata, 20 de diciembre de 1921 – 18 de noviembre de 2015) / Vivió muchos años en City Bell / Foto: jmp y Archivo de La talita dorada / 

miércoles, 31 de marzo de 2021

LA PANDEMIA NO EXISTE, MI AMOR

 

LA PANDEMIA NO EXISTE, MI AMOR

 

         El patetismo con el que se expresan algunos anti cuarentena y libertarios de solo su propia “libertad” es exasperante. Todo, todo, pasa por ellos. No hay empatía con los demás. Les importa un bledo el otro, los otros. Dicen, y no lo estoy inventando, cosas así, tomo comentarios extraídos de las redes, copio y pego:

 

 

            “Tenes miedo? #quedatenecasa dejen a la gente vivir en paz. Basta de militar la cuarentena”

…

            “es evidente que...a pesar de todas las miles de personas que ya MURIERON. , vos no entendiste NADA”

 

            “la que no entendió nada sos vos. Un año te tuvieron con domiciliaria y la cosa explotó igual. Dato, no opinión”

…

            “La ignorancia dura hasta que alguien decide no seguir al rebaño!

            Señora, quédese en su casa que está entrada en años y es grupo de riesgo mientras nosotros seguimos yendo a trabajar. Viva encerrada si le gusta y deje vivir a los demás”

…

            “Vos sos la que no respeta la vida ajena militando la restricción de libertades. Podes mudarte a Formosa si querés una cuarentena estricta y bien represiva.”

…

            “Estúpida idea de libertad" más fascista no se consigue”

 

 

         Las fotos son de la madrugada del domingo 14 de abril. Las sacó un vecino (no sé si hago bien en mostrarlas, las envió al grupo de vecinos de la cuadra). Es en la puerta-portón de mi casa. Los “chicos” festejan en la calle y la vereda. Una vecina hizo la reunión por el aniversario de un familiar. Luego se disculpó diciendo que la convocatoria, que era para alrededor de 15 personas, se había desbordado. Pidió disculpas por el ruido, las molestias ocasionadas. ¿Y la pandemia? Bien, gracias.

 

         No quiero echar culpas a nadie. Pero sí remarcar la poca solidaridad para con los otros. El bombardeo de los medios es fulminante. Machacan a toda hora. Pareciera que, los grupos financieros dueños de casi todos los medios de comunicación, nos quieren a todos muertos.

 

*

          Comparto, creo que tiene que ver con lo anterior expuesto, estas palabras de Alejandro Dolina, sobre el regreso a clases presenciales (en Revista Sudestada):

             "Si hay un virus que está matando millones de personas, no puede haber pediatras diciendo "a los niños les hace mal no ir al colegio". Claro que hace mal no ir al colegio, pero mucho peor les hace contagiarse. Por no ir al colegio no se está muriendo nadie. Usted se puede recibir de ingeniero este año o el próximo. Se puede esperar un poco, en cambio, el virus no espera. Son asuntos diferentes, hay un supuesto "humanismo pediátrico" que dice "la educación es lo más importante de la vida". Pero si tenemos una pandemia, tal vez tendríamos que rever esto, no es lo más importante en este momento.

            Yo no sé nada, pero sé pensar, y sé cuándo un pensamiento es pertinente y cuándo no lo es. Que los chicos necesitan ir a la escuela en medio de una pandemia, es un pensamiento impertinente. Ir a la escuela es importante, pero no urgente. No hay que aprobar 4to grado con urgencia. En cambio, hay personas que deben ser atendidas con urgencia. Por favor, alguien que piense bien, que no mezcle, que no se hagan lío, no se metan a pensar si no están acostumbrados. No pongamos a conducir estas cuestiones a personas que no están pensando bien. Dejen a otros, acostumbrados al pensamiento, si no están acostumbrados a pensar."

jueves, 28 de marzo de 2019

JOSÉ MARÍA PALLAORO CITY BELL, 28 DE MARZO DE 1968

Queridos simples de la infancia


CITY BELL, 28 DE MARZO DE 1968

   Habrá sido un viernes o un sábado. No lo sé. Ayer hablé con Emilia. En realidad antes lo había hecho con Juan. No se acordaba. Ni siquiera el año se acordaba. Yo pensaba que fue en 1970. Pero no. ¿Había llegado el hombre a la Luna? "No lo sé, che. Tengo 73" (y no hablaba de una fugaz primavera).

   La calle 15 seguía de tierra. Al Gordini lo pintaron con cal y palabras y buenos deseos y anudaron latas a hilos de algodón que ataron al paragolpe trasero. Emilia prometió que iba a mostrarme las fotos. Y me confirmó el día: 28 de marzo de 1968. No le pregunté si fue viernes o sábado. Ellos se casaban. Hoy se cumplen 40 años. En esos días yo andaba por los nueve y un mes exactos. Y esa noche me enamoré por primera vez.

   Jamás lo había contado. Tal vez no me lo hayan preguntado (y eso que es una buena pregunta), aunque sé que el asunto sólo a mí puede interesarme. "No se dio la oportunidad", posiblemente hubiese dicho mi madre antes del ACV.

   El tiempo hace que la carga vaya siendo más liviana. Por eso quiero decir que un 28 de marzo de 1968 me enamoré por primera vez. Dudaba un poco. Porque creía que la mujer que me hizo conocer el dolor del amor no correspondido había sido María Inés. Pero no. No. Con María Inés fue por el ‘70, o por el ‘71. Antes de entrar al secundario.

   Pero, qué cosa ¿no? Recordar el día exacto que me enamoré por primera vez. Y el hombre aún no había llegado a la Luna. No, no voy a discutir las diferentes teorías acerca del tema. La verdad es que nada me importó la banderita del imperio flameando en el suelo lunar. Para mí la “luna” es la de Li Po o la de Tuñón. Hoy y siempre.

   Yo creía que la primera vez que me enamoré estaba bigoteando. Ahora sé que la rima de la lluvia tenía mis años, y que me gustaba encender el fuego escuchando Penny Lane porque lo único que se necesita es amor (la sed verdadera todavía no me había hecho tomar el tren hacia el sur), y la creencia de aguas claras no sonaban en el Winco, aunque las chicas hacían ruido en el Whisky a Go Go junto a Johnny Rivers (¡guau, micifuz!, ¡todavía conservo ese disco!), y no había necesidad de pintar el universo de negro porque todo comenzaba a ser color.

   Hubo un tiempo, muy breve, que los Rolling me gustaron más que los Beatles. Quizás porque los simples de los Stones que traían mis hermanos mayores (adolescentes en ese momento) tenían un sonido más crudo, más bluseado, más "negro". Igual el trayecto de las piedras rodantes fue cortito como patada de chancho (mi signo zodiacal chino) y las cosas volvieron a tomar su cauce: ¡Nunca sus majestades satánicas podían gustarme más que esos muchachos que cantaron a los hijos de la madre naturaleza!

   Había mucha familia en casa de mis queridos tíos. Y también se encontraba la chica de la que me enamoré por primera vez. Tenía el pelo como oscurecido de nubes y a pesar de eso se parecía a Susanita. No deseo ser tan malo, digamos que una mezcla de Susanita y Mafalda. Físicamente más parecida a Mafalda.

   Me quedé casi toda la noche en el jardín. Y la veía pasar por el largo y sinuoso camino que iba desde la casa hasta el quincho. Iba y venía, una y otra vez, la chica de la que me enamoré por primera vez.

   Caminaba ligero y derechita como caña de bambú, con nueve años (casi diez) tenía personalidad. No recuerdo si llegamos a hablar, a decirnos algo. Siempre fui muy tímido y en esos años tartamudeaba, así que supongo que si alguien habló fue ella. Aunque no lo puedo asegurar.

   Voy a esperar a que Emilia me muestre las fotos. La quiero ver a ella, y me quiero ver. No, no puedo creer en eso de que las fotografías quitan el alma a las personas. Tal vez haya quedado algo de nosotros en esos tarjetones amarillentos. Sí, después la vi infinitas veces. Pero nunca le dije que fue la chica de la que me enamoré por primera vez.

   Ahora se lo estoy diciendo.

lunes, 24 de abril de 2017

Hasta la victoria siempre, Tren


HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, TREN


 Domingo 23 de marzo, con boleto de salida 18:38. 
El poeta, editor y librero cordobés Antonio Moro, en nuestra querida Estación de Trenes de City Bell. 
Viajó hasta Ezpeleta. 
Contaron que el tren arrancó el sábado, con horarios inciertos, pero llevando pasajeros. 
Aún no hay paradas en Pereyra y Hudson, el pueblo trabajador, sobre todo, lo necesita. 


miércoles, 30 de marzo de 2016

José María Pallaoro, La batería de mis audífonos



     Un placer el viaje en tren de City Bell a La Plata, de La Plata a Quilmes. Los coches son hermosos (quizás tanto a aquellos antiguos vagones que recordaba mi abuelo José María), tienen baños y comedor, los comensales juegan a las cartas, charlan, miran el paisaje, se divierten. El viaje es corto, es verdad, es que son veloces, claro, y necesarios al dinamismo de nuestras vidas actuales. Da placer viajar en nuestros trenes. Ojalá sepamos cuidarlos. Los citibelenses no hablan de otra cosa, al comienzo se quejaban, denunciaban el curro, el no cuidado de la vieja estación, el desastroso bajo nivel, que por suerte hace muy poco inauguró nuestra señora gobernadora. Los citibelenses están eufóricos y solo hablan de nuestro tren. Eso me cuentan todos, cuando puedo escucharlos, cuando se apiadan de mí y me compran la batería de mis audífonos. 


.

lunes, 15 de febrero de 2016

Acerca de El flautista de City Bell


Semanario Norte diario El Día

Viernes 5 de febrero de 2016



viernes, 24 de abril de 2015

José María Pallaoro, Entre sábanas inmaculadas


UN TIPO ORIENTADO

          Esto fue por el año 1943 más o menos. Y todavía me pregunto cómo pude abrir esa puerta y en cómo perdí el sentido de la orientación. Yo que siempre fui un tipo orientado. Iba a visitar a Exaltación, un sábado, y el domingo tenía que ir al cuartel en Campo de Mayo. Así era la cosa, un amigo, compañero del Colegio San José de Rosario, del que seguramente habrán oído hablar, un tal Pagura; resulta que el susodicho trabajaba en una fábrica de muebles llamada Cavarossi, así nomás, con doble ese. Pagura vivía en pleno centro con otro muchacho, yo no llegué a ir a esa pensión porque trabajaba. Venía por la Nueve de Julio y ahí en Avenida de Mayo me cambiaba en lo de Pagura, y venía a City Bell. Esto era el sábado; al día siguiente, volvía; en ese tiempo estaba el Expreso Buenos Aires. Yo me cambio y Pagura me da la llave para que pudiera entrar. Voy a City Bell, hice todo lo que tenía que hacer, vuelvo, bajé, agarré la llave que me dio Pagura, y trato de abrir la puerta, y no abre. Una y otra vez intento, y la llave entra mal, no gira. Media hora intentando abrir y pensando de este amigo mío, Pagura, pienso de Pagura, este turro vaya a saber qué llave me dio. Media hora queriendo abrir, y pensando, y puteando por lo bajo. En una de esas llega un señor con la llave correcta, y abre. Subo al segundo piso y lo primero que veo al abrir la puerta, porque la puerta la abrí, veo, no sé… Salgo disparado, bajo, y me pongo a reflexionar en la entrada del edificio, para sacarme el tema de encima ¿viste?, y llego a la conclusión de que me equivoqué de entrada. Miré mejor y me ubiqué; abro la puerta, subo, vuelvo a abrir, y veo a Pagura que está durmiendo, ahora sí, entre sábanas inmaculadas.


En “El flautista de City Bell”, 2015.

lunes, 23 de febrero de 2015

José María Pallaoro, El tronar de las campanas

EL TRONAR DE LAS CAMPANAS


     El Loco no se parece a un loco, es lo más semejante a un ser normal, de esos que se levantan temprano a la mañana, ceban unos mates a la patrona, y luego de besarlas en la mejilla, salen al trabajo sin otra preocupación que la de cumplir con la familia. En verdad, el Loco, a simple vista, distaba lejos de serlo, y nunca rompía las pelotas; vaya a saber el por qué del apodo. Más allá de esto, el Loco estaba soberbiamente loco, nadie lo percibía, pero nadie.

     Aclaro, no tengo enemistad personal hacia este tipo, aunque la verdad nunca tragué su omnipotencia. No, no vayan a pensar en envidia o celos, no, nada de eso, digamos que había en él algo molesto, como afeminado, como poco hombre. Llegaba al Campanario a la misma hora, una molestia inmensa esa espera. Acomodaba en el taburete su humanidad, apoyaba el brazo izquierdo en la barra y pedía lo de siempre.

     Lo de siempre, decía.

     Le gustaban demasiado las historietas, de ahí el modismo de galán dibujado. Las chicas, ansiosas, sentían una atracción no disimulada. Él, después del segundo vaso, las miraba, una por una las miraba, hasta que sus ojos de fuego se detenían en alguna de ellas, siempre distintas, bellas, jóvenes. La señorita caminaba como por una pasarela y se acurrucaba a su lado. Tomaban otra copa, reían, y, echando chispas, sus sombras desaparecían en uno de los agujeros del fondo.

     Un día el Loco dejó de aparecer. Las malas lenguas de barrio Güemes contaron que un vecino lo ubicó, ya tirado, en una zanja, a pocas cuadras del Campanario, con los huevos en la boca. 

sábado, 14 de febrero de 2015

Ana Cecilia Prenz Kopušar presentó Cruzando el río en bicicleta en Villa Elisa



“Cruzando el río en bicicleta” es una novela de prosa ágil, contagiosa, donde Ana Cecilia Prenz Kopušar cuenta su avatar existencial, que abarcan desde su infancia hasta sus años adultos. Son vivencias experimentadas en tres países y tres lenguas diferentes, con sus encuentros y desencuentros con cada nuevo lugar, sus alegrías y tristezas, su nostalgia por lo que ha dejado atrás y su amor por los nuevos espacios, todo ello sin inútiles retóricas y con una envidiable sencillez narrativa. Aquí las presencias familiares, con sus tragedias y comedias, las dificultades del exilio (sus padres son argentinos, escritores y profesores universitarios), la iniciación en cada nueva lengua y muchas otras circunstancias, que el lector irá conociendo, convergen en una escritura que desnuda la profundidad de cada instante vivido. A través de las vicisitudes narradas, el lector descubrirá que se trata de una novela de formación en la cual la protagonista cuenta la forja de su carácter y de su personalidad. Argentina, la ex Yugoslavia e Italia constituyen los referentes geográficos de esta novela bella y emotiva, en la que se transparenta una realidad que parece hablar por sí sola de la compleja identidad de la narradora. Por otra parte, las vivencias personales van más allá y se hacen trascendentes para convertirse en símbolo y retrato de una época. Las verdaderas historias se cuentan por si mismas, dijo Francis Scott Fitzgerald. Es decir, son transparentes y, por lo tanto, la maestría de un autor consiste en llevarlas al papel con sencillez, no pervertirlas con vanos juegos literarios. Prenz Kopušar asume con delicadeza este deber y, con ello, salva ese antiguo dicho que reza: contar ha sido el placer de los dioses y una gran ambición humana.

Ana Cecilia Prenz Kopušar y José María Pallaoro en Libros Villa Elisa

lunes, 15 de diciembre de 2014

José María Pallaoro, Lectura en Espacio Cultural Oliverio Girondo


Lectura en El ANTIDOMINGO, Espacio Cultural Oliverio Girondo, Villa Crespo, Buenos Aires, el sábado 29 de noviembre de 2014. 

Textos de “Son dos los que danzan”.


Dos textos de “Setenta y 4”.


miércoles, 7 de mayo de 2014

José María Pallaoro, Mi abuelo perdió una pierna


JOSÉ MARÍA


Mi abuelo perdió una pierna. Luego, la otra. En honor a él llevo su nombre. En honor a él camino por este pueblo que lo cobijó como si fuese el suyo. Algunos piensan que soy sus piernas; otros, imaginan una silla de ruedas en el rincón más oscuro de mi habitación. 





(c) Foto: José María Cruz. 
(c) José María Pallaoro.

viernes, 27 de diciembre de 2013

José María Pallaoro, batallas


BATALLAS

crees haber vencido
pero en amor como
en odio no hay
vencedores todo
dolor se comparte
solitariamente




De: "Cielo breve –1982-1985-", plaqueta s/f. 
En: “Naranjos de fascinante  música. Poesía contemporánea de amor en La Plata”, 
Libros de la talita dorada, 2003. 

viernes, 6 de septiembre de 2013

José María Pallaoro, desnuda subes la escalera de madera


AL NATURAL


Desnuda subes
la escalera de madera

Cierro los ojos
para perpetuar
la suavidad de tus pasos

El vaivén de tus pechos

Dejar afuera
–aunque más no sea
por esta noche–
la ciudad y la tristeza

Decidida te acurrucarás
a mi lado
en un instante

En el instante preciso
en el que el cielo
se abrirá
a la fiesta de los cuerpos

Al amor de los dos


José María Pallaoro.
En: Son dos los que danzan, 2012.

Pintura de tapa de libro: Elena B. Núñez. “Lengua y Fuego”.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

José María Pallaoro, las alas del deseo


LAS ALAS DEL DESEO

Ella es un pájaro que de noche vuela a lugares desconocidos
Lleva entre sus alas el sabor de los que la amaron durante el día
Viaja sola por temor a que la soledad la abandone

Ella se entrega a los brazos que la oscuridad le proporciona
Esos brazos la abrigan de la posibilidad cierta de la muerte
La muerte siempre la descubre amparada por la noche

A veces se detiene a beber agua de los arroyos quietos
Y un nombre que se dibuja en la momentánea transparencia del mundo
le recuerda que no todo lo escrito podrá ser leído





José María Pallaoro.
En: Son dos los que danzan, 2012.
Pintura de tapa de libro: Elena B. Núñez. “Lengua y Fuego”.

Acrílico sobre cartón entelado, 0,35 cm. X 0,25 cm., 2009.

sábado, 23 de mayo de 2009

“Campo de girasoles sin cerezas”, poema de José María Pallaoro




CAMPO DE GIRASOLES SIN CEREZAS
(Óleo sobre cicatrices)


no hay cerezas
en ciertas estaciones del alma

sólo girasoles amarillos
realmente amarillos

y orejas
diseminadas

a lo largo de la calle





De: Pájaros cubiertos de ceniza (1982-1990), Libros de la talita dorada, 1999.

Cabecera: Vincent van Gogh (1853-1890). Painting, Oil on Canvas
Paris, France: August - September, 1887
Kröller-Müller Museum
__

lunes, 27 de abril de 2009

"El que tiene sed", poema de José María Pallaoro




EL QUE TIENE SED


El que tiene sed
se bebe las nalgas de la luna
Se bebe las flores caídas sobre la gruesa alfombra
Se bebe la abundancia y la pobreza
Se bebe la danza de su sombra de entre los cortinados del imperio
Se bebe el vino los compañeros desaparecidos la primavera el río
Se bebe el abanico de plumas blancas la camisa las hojas verdes
Se bebe la muralla el monte la violencia del enemigo la violencia
Se bebe el corazón el corazón purificado el tanino de las nubes
Se bebe la flecha el arco la piedra de los rincones
Se bebe a su amigo la aldea a los gallos de riña
Se bebe el vicio de la discordia la embriaguez de los solos en el invierno
Se bebe al vate los cometas que lo evocan
Se bebe lo sólido lo líquido de la vida
Se bebe al mar pero no sus aguas
Se bebe la hierba de las ruinas del antiguo palacio
Se bebe las campanas de las iglesias la armonía los tristes pensamientos
Se bebe la vara de sauce los burdeles -en especial aquellos donde habitó Lady Day–
Se bebe a los dragones de oro que escoltan a las doncellas brillantes como estrellas
Se bebe el exilio el olvidado perdón el recuerdo de la tierra natal

Se bebe el dolor / este adorado Li Po se bebe
la flauta de jade el tao la poesía



De: Pájaros cubiertos de ceniza (1982-1990), Libros de la talita dorada, 1999.

Ilustración: Li Po (ca. 701-762).
:_

jueves, 25 de diciembre de 2008

"El poder", poema de José María Pallaoro



El poder de una palabra
no radica en la voluntad
de poder

decir aquello
que los demás
quieren escuchar

El poder de la palabra

es un certero golpe
en la cabeza del silencio

Y de esa cabeza
–estallada en el aire–
se arma el mundo

a imagen y semejanza



con el mejor de los deseos, jm


_

sábado, 15 de noviembre de 2008

"Cotidiano", poema de José María Pallaoro


«Tal vez el mundo cabe en la cocina.»
Juan Gelman


en la cocina
lavando la lechuga
y los tomates
de la huerta

cociendo el arroz
(a fuego lento)

entre naranjas y uvas

rayando zanahorias
(porque te gustan)

te espero

a vos
que sos
mi comida


---
--
-
"Cotidiano" está extraído del libro Pájaros cubiertos de ceniza (poemas, 1982-1990).

viernes, 4 de abril de 2008

JOSÉ MARÍA PALLAORO Poemas Son dos los que danzan

Son dos los que danzan
Libros de la talita dorada
Diagramación de cubierta e interiores:
La casa verde, sobre una pintura de Miguel Alzugaray «Sin azul» acrílico sobre tela, 0,60 cm x 0,80 cm., 1995.
© 2005, José María Pallaoro
ISBN: 987-97974-3-4







a Mario Porro,
in memoriam,
y a Néstor Mux


Tal vez es mucho todavía
lo que quiere ser cantado por mí:
todo lo que retumba silencioso
o lo que en la roca profunda se consume,
o lo que a través del humo se sospecha.
Aún no tengo mis cuentas claras
con el agua, con las llamas y el viento...
Quizás por ello mi sueño
me abra, de pronto, de par en par las puertas
y me guíe hacia la estrella del amanecer.
Anna Ajmátova


1.
Interior con pájaros


«En el jardín, pájaros inocentes
picotean el césped encendido.»
Horacio Núñez West



¿Dentro o fuera de la casa?

abro las cortinas

el amanecer

en el ventanal desnudo

más allá

hojas que se abandonan
nutren

la descarnada alfombra
que picotean los pájaros


Messiaen

silbido de pájaros

la canasta
con seca madera
espera
el frío
del invierno

¿habrá ceniza
cuidando
de la flor
que amamos

su raíz?


Sibelius

un piano en el aire
de la casa

la música
quema
la leña brillante
de la estufa

sentados
cada uno de nosotros
invoca
a su dios o no
dios

unidos en la ceremonia


Colibrí

¿dónde estás
que en las mañanas
hacías agitar
el aire?
¿andarás
por otras
retamas

jazmínes
de la lluvia?

¿yacerás dormido
sobre el poema
que vibrará

al son
de tus alas?


El sol de una mejor oportunidad
(Nebbiera)
para Virginia y Ale

no soy pájaro

pero en caso de tener alas

–por ejemplo–

en la lluvia de hoy

estaría acurrucado

junto a la compañera

refregándonos
con los picos
las plumas

los dos calentitos
esperando

el sol

de una mejor
oportunidad


No sé
para Elena

No sé
por qué
si afuera llueve

elijo una música
diferente

en el adentro
los sonidos se besan

son dos los que danzan


Nervaduras

comen

de los nervios
de las hojas

esos pájaros

ahuyentan

el viento

la desdicha

la razón
del no

vivir


Otra casa

de un cielo gris
con destellos
anaranjadamente
oscuros

los pájaros de la tarde
caen

vacíos
sin peso

como hojas
que sopla

la muerte

quizás queriendo
otra casa


Otra oscuridad

como un viajero
a su sombra
la sigo

no hay hambre
sólo deseo

cuando me pierdo
o ella se deshace
de mí

el pensamiento
deja de aventurar
conjeturas

y quedo solo
en mi otra oscuridad


La claridad
para Irina Bogdaschevski

la claridad
de la ausencia
pesa y aturde

silencio quebrado

viento que no acaricia


Lunas

no me despojo
de lo que más
quiero

sino que
lo que quiero
se despoja
de mí

luna
que en la noche
callas


Para qué

para qué dormir
si en sueños

el cielo es el cielo
la tierra es la tierra

y nosotros
dos pájaros

que se cruzan

y no se reconocen


Certezas
para Gaby

sé que hay un pájaro
en tu mirar

sé que en ese mirar
la dicha es luz

además sé
que en vos
la dicha es

un pájaro
que no me ve


Mares

hace tiempo
el mar
dejó de visitarme

sin embargo
la arena persiste
en tus pies

desnudos y fríos


Aguas

la quietud del agua
es rota
por la hoja caída

un cuerpo
apenas sumergido

ondas que llevan
a la otra orilla

la soledad del mundo


Saberes

sé que soy

la garra en la puerta

de la jaula

y soy el pájaro

que se queda

en un rincón

sin querer salir


La enredadera

Las rejas desaparecen

Es indudable que ese jazmín crece
para recordarnos
que la belleza es
aún posible

dentro de pocos días
sus flores perfumarán

la intimidad de esta habitación
donde consumo mis horas

en busca de un tesoro que no encuentro
y que no sé si existe



2.
La claridad


«Escribir es ofrecer
desde el primer momento
la última palabra a otro.»
Roland Barthes



El poder

El poder de una palabra
no radica en la voluntad
de poder

decir aquello
que los demás
quieren escuchar

El poder de la palabra

es un certero golpe
en la cabeza del silencio

Y de esa cabeza
–estallada en el aire–
se arma el mundo

a imagen y semejanza
de la poesía


Nuestra pequeñez escrita

Escribir
ser uno
entre tantos otros

pensar
nuestra pequeñez
como lo más importante
que nos pudo haber pasado


En el propio espejo
para Sonia y Pinino

Palabras

que no invadan

al otro

Tan sólo palabras

para mirarse

en el otro


Los ojos

Cómo hacer para mirar
a los ojos del otro
y que entienda

Cómo hacer para que los ojos
del otro nos encuentren
y comprendamos


Escrituras

Escribo
sobre el charco
azul

palabras

que se hacen
nube

y lluvia


Los pájaros de nuestra memoria

tal vez el poema sea
un campo dorado
a la espera

de la lluvia

y del viento

que mecerá
los árboles

donde descansan
los pájaros

de nuestra memoria


Manos

Convertiré mis manos
en hojas de fuego

para que vuelen

incendiaré la noche
con palabras


La búsqueda

Muy pocas veces
estuvo cerca
de hallarlo

Está oculto
en algún lugar
de la casa

entre libros
y palabras

y en contadas noches
en el silencio aparente de los objetos
junto a luces ahora dormidas
presiente

que un fugaz conocimiento
pareciera
revelarlo todo



3.
Aguas de nuestra sed


«Quien lanza barquitos de papel
lanza deseos.»
(de un libro de Mary Shelley)



Aguas de nuestra sed

Ella acomoda los barquitos de papel sobre la mesa
Esos barquitos están detenidos en el cómplice mirar
La tarde pasa para que las aguas de nuestra sed empujen a los barquitos


Las alas del deseo

Ella es un pájaro que de noche vuela a lugares desconocidos
Lleva entre sus alas el sabor de los que la amaron durante el día
Viaja sola por temor a que la soledad la abandone

Ella se entrega a los brazos que la oscuridad le proporciona
Esos brazos la abrigan de la posibilidad cierta de la muerte
La muerte siempre la descubre amparada por la noche

A veces se detiene a beber agua de los arroyos quietos
Y un nombre que se dibuja en la momentánea transparencia del mundo
le recuerda que no todo lo escrito podrá ser leído


Al natural
para Maite

Desnuda subes
la escalera de madera

cierro los ojos
para perpetuar
la suavidad de tus pasos

el vaivén de tus pechos

dejar afuera
–aunque más no sea
por esta noche–
la ciudad y la tristeza

decidida te acurrucarás
a mi lado
en un instante

en el instante preciso
en el que el cielo
se abrirá
a la fiesta de los cuerpos
al amor de los dos


Ella sabe
para L. Andreas

Sabe separar el árbol
del bosque

Ella oscurece
con su boca
el sol

Para nuestra dicha
pronto lloverá


Los pájaros de la vida

Sólo algunas estrellas guían
a la pequeña pasajera

que dentro de un soplo besará
al hombre
en la playa encendida

para que los pájaros de la vida
canten

canten
junto a tu pensamiento

que canta


Colores
para Gaby

No entiende de colores
confunde el encarnado con la lealtad
lo racional con la esperanza
y la pureza con la obscenidad

No entiende de colores
por eso pinta


Tarde de perros

Como si la tarde pasara por la sencilla razón
de que hay silencios que se hacen
los muertos

Como si los perros que duermen bajo el sol
ladraran en sus sueños
al desconocido

Como si nada quedara
Sólo la ceniza

que nos tuvo de testigo
Señales de mirarnos
Cómplices
de un dolor que pena


Música

En otros atardeceres
los cuerpos eran música

Separados o unidos

cuerpos que sin palabras
se eternizaban en esa escisión
en que la música
parecía detenerse

para empezar
otra vez
la rueda fugaz
de nuestra danza

Esa tarde y siempre



4.
Nada fuera de lugar


«... y que sea lo que sea.»
Jorge Drexler



Mario Porro

La lluvia trajo
junto al cansancio
de la tarde

La noticia inesperada

Una soledad
infinita


Los muertos

¿Qué se hace con un muerto?
¿Se lo deja en casa?
¿Se le cierran
las ventanas y la puerta
de la habitación?
¿Se habla en voz
baja
para no despertarlo?

¿Se lo comienza a olvidar
para no sentir
culpa de su abandono?


Cara y Cruz

Dando la cara llegamos a la vida
con palmaditas en el culo
nos reciben

y de inmediato
nos revolean al aire
como a una moneda

por si una vez el azar
por si falla el juego
de la vida

pero la suerte sigue echada
y caemos siempre
irremediablemente cruz

Luego juntan
nuestros pedazos

Nos olvidan

en uno de esos lugares

oscuros y fríos


Preguntas

¿No hay sol
para el desolado?

¿El desolado
no hace luz
desde su mirar?

¿En el mirar
del desolado
la luz
se transparenta
en claridad?

¿Desaparece la luz
para sólo ser
oscuridad?

¿Acaso
el desolado
tiene alergia
a la luz?


Lecturas

Enfrascado en la lectura de Proust
no llegaba a percibir que
desde el tren
los árboles eran más lentos

tampoco
cuando el muchacho cruzó el vagón
arrebatando a justos y pecadores
las cadenas de un oro imposible

para saltar sin tiempo
y violentamente perdido
hacia otras formas del mundo


Cantar a tientas
para Horacio Castillo

Hace una cantidad de años
se solía dejar ciegos a los canarios
para lograr en su canto
mayor belleza
–actitud típicamente humana
como cortar lenguas
cercenar gargantas–

Hoy
las cosas no han mejorado
y los pájaros que aún sobreviven
cantan
a tientas
todo el tiempo

con señas desesperadas


La respuesta que uno intuye

Ella visitó la casa

A pesar de su partida está sentada
en el lugar más luminoso
contándonos acerca de la belleza del jardín
y de la suerte que tuvo con sus hijos

Mientras liberaba estas cuestiones
me detuve a observar sus manos
y desde allí me elevé
hacia un rostro aún no definitivo
donde marcas
cicatrices
día a día parecen acentuarse

No quise interrumpir sus palabras
pero pensé preguntarle
si ha sido feliz
si lo es ahora

Ese tipo de preguntas que se suele dejar
para días de otro color

Interrogaciones que a veces
es preferible evitar
por temor a la respuesta


Ella dijo

empujá la desdicha a un lado
porque para el dolor
siempre hay tiempo

y recordá
la vida
no es más que estos pedazos de nosotros
compartidos con los demás


La veleta

me iré a dormir
esperando
al gallo cantor
con su voz
de nuevos vientos


José María Pallaoro nació el 28 de febrero de 1959 en La Plata, Argentina. Vive en City Bell. Cursó estudios de Castellano, Literatura y Latín. Como difusor cultural de poesía, música y literatura realizó en diferentes FM los programas: La máquina del tiempo, En la vereda del sol, Mariposas de madera y La talita. Es director de la revista de poesía el espiniyo y editor de Libros de la talita dorada. Como escritor publicó plaquetas, cuadernos y tres libros de poemas: El viaje circular (1998), Pájaros cubiertos de ceniza (1999) y Son dos los que danzan (2005). Junto al poeta Néstor Mux seleccionó los textos de la antología Naranjos de fascinante música: poesía contemporánea de amor en La Plata, 2003, que reúne a 34 autores de la ciudad de las diagonales desde la segunda mitad del siglo XX hasta el presente. Para comunicarse con el autor: jmpallaoro@gmail.com