LUZ QUE PERSISTE
–Mirá lo que me dejaron en casa.
La Tana me manda un wsp el sábado,
apenas después de que Edelap nos hiciera la noche durante cinco días.
La Tana, mi vecina, tiene un corazón
solidario que cuelga todos los días, antes de irse a trabajar, de un cable
tendido entre dos árboles de la vereda. “Si tenés frío, tomá lo que necesites”,
dice el cartel pintado a mano junto a la ropa, los calzados, las mantas que
deja para los olvidados por la crueldad de este tiempo egoísta. “Si querés
colaborar, traé lo que ya no uses”.
Cuando murió mamá le llevé dos cajas
con sacos, blusas, pantalones, zapatos y carteras.
–Estaba en una de las carteras que me
trajiste. No me di cuenta, pero alguien que la tomó lo encontró dentro y me lo
dejó por debajo del portón.
En medio de la oscuridad, del
invierno, de la incertidumbre, la Tana me manda la foto del DNI de mamá. El que
había sacado hace un tiempo para reemplazar al viejo DNI librito y que creíamos
perdido. Mi hermana menor y yo, apoderados para diversos trámites, usábamos el
DNI antiguo desde entonces y fue el que entregamos en la funeraria.
Mamá nos mira con sonrisa pícara, como
si el día que le sacaron la foto ya supiera que nos iba a sorprender hoy con su
mirada luminosa. Nos dice que no hay apagón que pueda contra el amor del mundo.
MIRUH
ALMEIDA 5 de mayo de 1924 - 20 de mayo de 2019
Fotos: Rodolfo Luna
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